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14 de enero de 2010

Ríos y regatos

Desde la emersión de la sierra hace 30 millones de años, el agua ha ido disolviendo el carbonato cálcico de su roca caliza. Esta erosión ha provocado un típico paisaje kárstico con lapiaces, dolinas, cuevas y simas. La red fluvial está integrada por numerosos arroyos que descienden por las laderas septentrionales de Sierra Sálvada y confluyen en los ríos Artziniega, San Miguel, Izalde, Izoria y Nervión. Sin embargo, apenas circula sobre la superficie, sino que lo hace de forma subterránea. La lluvia y la nieve derretida se infiltran entre las grietas de las rocas para circular a través de una inmensa red de galerías. En temporada de lluvias y cuando esa red de galerías está llena de agua, el agua llega a surgir a través de cavidades como Goba Haundi frente al Pico del Fraile o el Ojo de Lezea bajo el Monte Santiago, y dando origen a las espectaculares, aunque efímeras, cascadas de la sierra. El Ojo de Lezea actúa como surgencia de todo el conjunto hidrogeológico de Monte Santiago.

El nacedero del Nervión

El río Nervión nace en las Peñas Nervinas, en parte dentro del territorio burgalés de Berberana, por lo que es un río intercomunitario, con lo que su gestión corre a cargo de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico. Muy cerca de su nacimiento, el río se precipita por el Salto del Nervión en una espectacular cascada de 205 metros de caída, la mayor de la Península Ibérica. Después de un paseo a pie desde Untza o desde la Casa del Monumento Natural de Monte Santiago a través de su hayedo y tras cruzar el muro de una lobera restaurada, un balcón suspendido en el vacío permite asomarse al precipicio, teniendo a la vista el Salto del Nervión y el no menos espectacular Cañón del Nervión. Sólo cae agua unos 40 días al año, después del deshielo o tras un día de lluvia intensa primaveral, cuando aún el suelo y el subsuelo están saturados de agua.