4 de enero de 2021

Garcilla bueyera, su llegada al valle de Arrastaria y Orduña

Una foto de la sierra desde Orduña y una especie que ayer descubrió los prados y pastizales de Arrastaria y Orduña: la Garcilla bueyera (Bubulcus ibis). Es posible que los paisanos dentro de 40 años digan que esas garzas son de aquí de toda la vida. Si alguien leo esto entonces, que sepa que esta especie llegó aquí el invierno de 2020/2021. El 3 de enero de 2021 vi 7 ejemplares junto a la carretera de Orduña a Delika (Amurrio) y el 4 de enero vi y fotografié estas 5 garcillas cerca del convento de Santa Clara (Orduña).

19 de noviembre de 2020

Los efectos perjudiciales de los incendios forestales

Dentro de Europa el fuego es un elemento natural y común en la región Mediterránea, donde afecta a Grecia, Italia, Francia, España y Portugal. Al contrario, en la región Eurosiberiana es un elemento más raro y dañino. Aquí, los bosques y matorrales protegen al suelo del impacto de la lluvia y mediante el entramado de sus raíces, lo sostienen, evitando su erosión. Sin embargo, en la Cordillera Cantábrica la repetición de los incendios forestales provocados por el ser humano ha generado una pérdida extrema de la calidad del suelo en extensas zonas. La mayoría de los fuegos se producen durante el invierno con el objetivo de obtener pastos para el ganado en primavera y verano y porque el omnipresente helecho común (Pteridium aquilinum) dificulta la propagación del fuego mientras permanece verde. El manejo con fuego es mucho más agresivo que los desbroces, más sostenibles y recomendables.
El fuego destruye sobre todo las partes aéreas de las plantas, pero también afecta a las raíces y las semillas, y el daño que produce depende de la penetración de su calor en el perfil del suelo y de la intensidad y duración del mismo. El fuego puede producir daños importantes en los árboles, afectando a su crecimiento y a su salud, haciéndolos más sensibles a los ataques de insectos y hongos, que pueden acabar causándoles la muerte. En muchos casos, este efecto letal no es visible hasta pasados varios meses desde el incendio. Las cenizas generadas en los incendios tienen un efecto inhibidor de la germinación de las semillas en la mayoría de las especies vegetales, excepto en el abedul (Betula spp.) y en algunas especies de gramíneas, como las del género Agrostis. La germinación de las semillas de las argomas o tojos (Ulex spp.) y las cistáceas se ve estimulada si la temperatura alcanzada en los incendios es alta. Solo cuando esta es moderada, estimula la germinación de las ericáceas, como los brezos (Erica spp.). 
Las argomas son plantas pirófitas, beneficiadas por el fuego, con un importante sistema radical que sobrevive al fuego y rebrota intensamente después de los incendios, lo que unido a la estimulación de la germinación de las semillas, provoca que sea favorecida por los incendios, mientras que los brezos, con un sistema radical superficial y poco desarrollado, no sobreviven al incendio y, por lo tanto, tienen que regenerarse exclusivamente por germinación de las semillas que, además, no es rápida, ya que se produce en la primavera siguiente al incendio. Por ello, muchos brezales-argomales que sufren incendios evolucionan hacia argomales puros. Los suelos ocupados por papilionáceas de los géneros UlexCytisus y Genista son el resultado de la degradación de los bosques climácicos, favorecidas por la reiteración de los incendios, que impiden su recolonización por árboles.
Numerosos animales mueren durante los incendios porque no consiguen huir del fuego. Resulta particularmente afectada la meso y microfauna, dependiendo de la penetración del calor en el suelo y de su intensidad. La microbiota, el principal agente responsable de la descomposición de la materia orgánica, resulta particularmente afectada, no solo por el incendio, que puede esterilizar la superficie del suelo, sino también por la deposición de cenizas. Las condiciones del suelo quemado provocan el aumento de bacterias y la disminución de los hongos, las cianobacterianas y las algas.
Los principales problemas ambientales provocados por los incendios forestales son la degradación y la erosión del suelo debido a los cambios físicos y químicos que generan en su textura, en su comportamiento hídrico, en su estructura, así como por la pérdida de materia orgánica, que en parte se volatiliza y en parte se convierte en cenizas. Estos cambios son el motivo del aumento de la erosión que sufren los suelos quemados, más importante cuanto más repetidos, duraderos e intensos sean los mismos y cuanto mayor sea la pendiente de los suelos afectados. Cuando la erosión es severa aparecen canales y cárcavas, erosión laminar y suelos desordenados, producto de la erosión hídrica sobre las laderas.
La intensidad y la duración del incendio son dos factores fundamentales. Cuando el calentamiento supera los 220º C o los incendios se repiten con frecuencia, los cambios afectan a las propiedades físicas del suelo, suelen ser irreversibles y culminan con una degradación generalizada de la estructura y del comportamiento hídrico del suelo. Los incendios provocan un aumento del contenido de la fracción arenosa debido a la agregación de las partículas de arcilla debido a las altas temperaturas. Al mismo tiempo, los agregados de materia orgánica e inorgánica del suelo se rompen por la combustión de la materia orgánica, lo que provoca una degradación de la textura por la pérdida de finos, que rellenan los poros del suelo, provocando un descenso de su porosidad. Todo ello genera la disminución de la capacidad de almacenamiento de agua que tiene el suelo. En los casos de erosión severa, se han detectado incrementos muy marcados de la pedregosidad superficial en algunas zonas de la Cordillera Cantábrica.
El potencial erosivo de la lluvia depende de su impacto directo sobre el suelo, que a su vez, depende de la intensidad de la lluvia y de su capacidad para arrastrar partículas del suelo. Esto depende principalmente de la cantidad de lluvia que cae y no se infiltra y de la erosionabilidad del suelo, en lo que influye la cubierta vegetal y la topografía. El efecto del fuego sobre la erosión está muy ligado al que tiene sobre el ciclo hidrológico. Las gotas de lluvia son interceptadas por la vegetación, que además, disminuye la velocidad del agua de escorrentía, por lo que es contraproducente la limpieza y saca de los restos de incendios. La lluvia que alcanza el suelo es absorbida por la hojarasca hasta que se satura. El resto del agua se infiltra, penetrando hasta los horizontes minerales del suelo, donde parte es retenida por las partículas minerales o en los poros capilares y parte se infiltra hasta alcanzar la capa freática. Si la cantidad de agua que llega a la superficie es mayor que la suma de la que absorbe el suelo y de la que se infiltra, la parte restante fluye por la superficie, constituyendo el agua de escorrentía que produce erosión.
Los incendios forestales afectan a todos estos procesos del ciclo hidrológico. Cuando la cubierta vegetal es eliminada por el fuego, la interceptación y la transpiración disminuyen, y la evaporación desde el suelo aumenta debido a que su superficie, desprovista de vegetación, queda expuesta a la insolación y al viento. El ennegrecimiento del suelo también contribuye al aumento de la evaporación porque lo hace la absorción de la radiación solar. El agua que absorbe el horizonte superior del suelo, rico en materia orgánica, disminuye mucho. Además, las gotas de lluvia, al golpear directamente sobre la superficie desnuda del suelo, producen el arrastre de partículas, incluidas las cenizas. Estas partículas se infiltran y se introducen en los poros gruesos, obturándolos, lo que reduce la infiltración del agua, aumentando la escorrentía y el arrastre de partículas. En los incendios de alta intensidad se genera una capa repelente al agua a cierta profundidad bajo la superficie del suelo debido a los compuestos hidrófobos producidos durante la combustión. Lógicamente, esto provoca un aumento de la escorrentía y la erosión del suelo por encima de dicha capa hidrófoba. Alrededor del 80% de la erosión después de un incendio se produce durante los tres o cuatro primeros meses.
Durante los incendios, los nutrientes son liberados y se concentran en la capa de cenizas que queda sobre el suelo, pero la mayoría se pierden volatilizados o lavados por el agua. Los incendios de gran intensidad pueden causar la destrucción total de la materia orgánica del suelo, aunque lo habitual es que solo se destruya parcialmente. Esta pérdida de materia orgánica disminuye la capacidad de retención de agua de las capas superficiales del suelo y solo se recupera al cabo de cinco o diez años después del incendio. En los suelos intensamente quemados aumentan el hierro y el fósforo y disminuyen el calcio, el sodio, el potasio y el magnesio.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
"Los incendios forestales", de María Tarsy Carballas, veterana científica gallega, nacida en Taboada (Lugo) en el año 1934, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), licenciada en Química, doctora en Farmacia y especializada en Edafología.

El historiador Alberto Santana Ezkerra me ha indicado que en el libro "Cinturón verde del Bilbao metropolitanoa", publicado por la Diputación Foral de Bizkaia en el año 2011, explicó que en el pasado los castigos a los que provocaban incendios forestales fueron muy severos:
"La protección de los montes de la comarca preveía penas y castigos severísimos para quienes pusieran en peligro el arbolado de los montes, y en particular para quienes provocaron incendios. Un ejemplo de esta normativa ejemplarizante, que no se compadecía ni siquiera de la edad de los eventuales pirómanos, lo encontramos en el Fuero de las Encartaciones redactado en 1503, que advierte que `Qualesquier persona, ansi varones como mujeres, que pusieren fuego en sierra o montes, y por el tal fuego algunos arboles o seles o alguna persona o personas se quemare, que pague el danno al duenno de los tales arboles e seles e sierra, e mas mil maravedía. Si fuera un menor de edad de catorza años que le corten las orejas, e si fuere maior de catorze annos que aia esa misma pena e yaga seis meses en el çepo". 

9 de noviembre de 2020

Gorrión alpino

El Gorrión alpino (Montifringilla nivalis) es un pájaro alpino que nidifica habitualmente en montañas por encima de 2200 metros de altitud dentro de la península Ibérica. Se estima una población reproductora de 3.000-4.000 parejas en Pirineos y de 1.500-2.000 en la Cordillera Cantábrica. En invierno algunas de sus poblaciones descienden en altitud, llegando a invernar en las montañas del País Vasco. Durante todo el año su hábitat lo constituyen zonas de canchales y pastizales alpinos junto a paredes rocosas. En www.ornitho.eus se encuentran 32 observaciones realizadas en el País Vasco, todas ellas, excepto 4, en el monte Mugarra, municipio de Mañaria (Bizkaia), donde ha invernado varias temporadas y donde tomé esta fotografía el 27 de enero de 2016. Además, Juan Arizaga observó 6 ejemplares el 2 de abril de 2016 en la sierra de Aitzgorri, municipio de Zegama (Gipuzkoa) y Kepa Aldama registró 5 ejemplares el 21 de diciembre de 2015 en el cordal entre el pico de Aro y el monte Eskutxi, municipio de Aiara (Araba), donde vio otros 2 ejemplares el 8 de noviembre de 2020. Sabiendo de su hallazgo, me puse en contacto con él y me explicó donde los vio ese día y otras veces anteriores. El 9 de noviembre de 2020 vi un grupo compuesto por 16 ejemplares, primero cerca del pico del Aro y más tarde cerca de la cima del monte Eskutxi.

14 de octubre de 2020

Fumarel común

El Fumarel común (Chlidonias niger) en la Península Ibérica es un nidificante muy escaso y en declive, con 150 parejas estimadas a finales de los años 80 y 150-200 en España en 1995. Presenta una tendencia fuertemente regresiva debido a la desecación de zonas húmedas y, quizás, la competencia con la Gaviota Reidora. Es un migrante común, mucho más frecuente por las costas que por el interior. El paso postnupcial se desarrolla de julio a primeros de noviembre y el prenupcial en abril y mayo. Además, es un posible invernante muy escaso.
Mi amigo Enrique Arberas en su libro "Maroño. Un pueblo y un embalse" explica que en el embalse de Maroño observó dos aves el 3 de mayo de 2005 y una el 12 de septiembre de 2005.

26 de septiembre de 2020

Picamaderos negro, artículo colectivo de 22 agentes forestales de Bizkaia en la revista Munibe

En el volumen 68 de la revista Munibe, Cienc. nat. han publicado en línea el artículo "Primeros datos sobre la distribución, tamaño poblacional y reproducción del picamaderos negro Dryocopus martius (Linnaeus, 1758) en un área del País Vasco de reciente colonización". Es el resultado del trabajo de campo dirigido y coordinado por Aitor Galarza de 22 agentes forestales de la Diputación Foral de Bizkaia (Aitor Galarza, Igor Aginako, Aitor Ballesteros, Xabier Barreiro, Cristina Cinos, Eneko Díaz, Ander Egia, Juan Ramón Egia, Luki Fondado, Iñaki Garmendia, Antonio González, Diego Hijosa, Urko Ibáñez, Iñigo Iriarte, Francisco Martínez, Jesús Mari Molledo, Iker Novoa, el que esto escribe, Julio Ruiz, Gorka Vacas, Santiago Vallejo y Ernesto Vega). Tomé esta fotografía de una hembra de Picamaderos negro en su nido en un roble americano (Quercus rubra) del municipio de Arrigorriaga (Bizkaia) el 19 de febrero de 2019.
Juan Carlos Lorenzo y el que esto escribe publicamos en el Noticiario Ornitológico del volumen 50(1) de la revista Ardeola el siguiente texto: "Primeras citas para Vizcaya, se observa un ave en el límite entre una repoblación de pino de Monterrey y un hayedo en La Argañeda (Carranza) el 3 de mayo de 2002, a un kilómetro de este punto se observa un macho el 4 de mayo en una repoblación de pino, al parecer las aves vienen siendo observadas en la zona desde hace unos tres años (J. C. Lorenzo y J. M. Pérez de Ana)." Hice esta fotografía en el municipio de Zeberio (Bizkaia) el 10 de abril de 2018.
En 20 años ha pasado de estar ausente en Bizkaia a contar con una población de 50 territorios seguros y 18 probables. Se estudiaron 56 árboles-nidos, casi la mitad de ellos fueron hayas (Fagus sylvatica), pero también los encontramos, en orden de abundancia de mayor a menor, en varias especies de árboles alóctonos: pinos de Monterrey (Pinus radiata), pinos marítimos (Pinus pinaster), robles americanos (Quercus rubra) y eucaliptos (Eucalyptus globulus y E. nitens). En el caso de los pinos, solo usaron árboles muertos previamente. Los nidos se encontraron a una altura media de 9,1 metros, con una altura mínima de 5,2 m y una máxima de 18,4 m. Hice esta fotografía en el municipio de Zeberio (Bizkaia) el 18 de mayo de 2016.

18 de septiembre de 2020

El Árbol de Gernika

Con el permiso de Alberto Santana, publico esta fotografía del gran roble que fue el "Árbol de Gernika" y también el texto que él ha publicado hoy, 18 de septiembre de 2020. El actual, tras ser trasmochado a unos 6 metros de altura, está destinado a ser un árbol pequeño que no podrá nunca competir con su ancestro ni con un gigantesco eucalipto que tiene allí cerca.

Esta es la fotografía más antigua que se conserva del Árbol de Gernika. Nunca había sido publicada hasta hoy. La realizó en 1862 el fotógrafo francés Alphonse Guiard (Saint Beat - Haute Garonne) afincado en Bilbao y casado con Juliana Larrauri (fueron los padres del primer pintor impresionista vasco, Adolfo Guiard, entre otros 14 hijos). Se guarda en un album inédito de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid que Alphonse Guiard regaló a la reina Isabel II con la intención de que le contratara como fotógrafo de la Corte durante la temporada de baños en la Costa Vasca. La reina no le contrató y el álbum quedó olvidado para siempre en las estanterías del palacio. Hasta hoy (gracias Lirio Gonzalez Alonso).

Abajo, en el centro de la imagen, aparece el Árbol Nuevo, recién plantado tan solo un año antes, protegido por una valla de estacas y alambre. Rompiendo con una tradición histórica centenaria, el Árbol se había plantado en un estrecho hoyo abierto en medio del enlosado, por delante del Templete o Tribuna Juradera construido por Antonio de Echevarria en 1831, con forma de templo corintio griego, y al que el arquitecto y las Juntas del Señorío denominaban siempre "Solio", en recuerdo del asiento de madera con gradas y dosel de brocado que se había alzado para la gran ceremonia de vasallaje del Besamanos ofrecida por los vizcaínos a Fernando el Católico después del juramento del Fuero Viejo en 1476. 

La construcción del Solio, con piedra sillar sacada de las canteras de Oka, Berango y Ereño, había seccionado la mitad de las raíces del Árbol Viejo, situado correctamente detrás del Templete, y acelerado su muerte en unas pocas décadas. Pero la elección del lugar de plantación del nuevo retoño en medio del enlosado tampoco le auguraba una buena vida. A pesar de ello, el nuevo Árbol sagrado sobrevivió sin ser molestado 144 años, siendo testigo de la abolición foral, del bombardeo de Gernika y de la recuperación institucional del autogobierno vasco tras cuatro décadas de dictadura franquista. El pequeño arbolito de la fotografía murió en 2004 víctima de un asesino invisible, el hongo Armillaria mellea. En ese plazo de vida, y a pesar de su anómalo emplazamiento, se convirtió en el principal icono nacional y en la mejor escenografía ritual para reclamar los derechos y libertades del Pueblo Vasco. El pequeño roble creció hasta convertirse en un símbolo universal.

Gora Gernikako Arbola!
Pintura del besamanos a Fernando el Católico ante el Árbol de Gernika

El Señor de Vizcaya juraba respetar los Fueros bajo el árbol de Gernika (Gernikako Arbola en euskera), un roble (Quercus robur) situado delante de la Casa de Juntas en la localidad de Gernika (Bizkaia) que simboliza las libertades que poseen los vizcaínos, y por extensión, los vascos. El pintor alavés Francisco de Mendieta y Retes representó en el año 1609 el besamanos al rey Fernando el Católico, cuando juró los Fueros del Señorío de Vizcaya el 30 de julio de 1476 bajo el Árbol de Gernika. También lo haría la reina Isabel la Católica el 17 de septiembre de 1483, heredera del Señorío de Vizcaya, que pertenecía a la Corona de Castilla desde el 24 de agosto de 1379, fecha de la coronación del rey Juan I de Castilla, bisabuelo de Isabel La Católica. El "Árbol Padre" vivió desde el siglo XIV hasta el año 1881.
El "Árbol Viejo"

El "Árbol Padre" ante el que juraron los Fueros los Reyes Católicos murió en el año 1811, pero ya en 1742 se plantó un retoño, que murió en 1892 y cuyo tronco, el "Árbol Viejo", se conserva junto a la Casa de Juntas.
El actual Árbol de Gernika

El 20 de abril de 2004 murió el Árbol de Gernika debido al hongo Armillaria mellea, por lo que fue sustituido por uno de sus retoños el 25 de febrero de 2005, que murió el 14 de enero de 2015. El Árbol de Gernika actual, hermano del anterior, fue plantado el 2 de marzo de 2015 cuando tenía 15 años y es sucesor directo del Árbol bajo el que se celebraron las Juntas durante siglos. 

5 de septiembre de 2020

Tarabilla norteña

La Tarabilla norteña (Saxicola rubetra) es un posible nidificante. En el norte de Burgos es una especie frecuente, de nidificación comprobada en el Valle de Losa. Sin embargo, en la zona burgalesa de la Sierra Sálvada aún no he visto ninguna pareja reproductora. Es estival y sus poblaciones invernan en África. Durante la migración es común en el País Vasco. Tomé esta fotografía en Bigandi, cerca del pueblo de Uzkiano, municipio de Urkabustaiz (Álava), el 5 de septiembre de 2020.

24 de julio de 2020

Coenagrion scitulum

Coenagrion scitulum, según mi amigo José Antonio Gainzarain, autor del libro "Atlas de las libélulas de Álava", es exclusiva de zonas húmedas con buen desarrollo de la vegetación acuática flotante. Los machos de las especies de este género se distinguen fácilmente si conseguimos ver el dibujo del segundo segmento del abdomen, que en esta especie recuerda a la cabeza de un gato. Tomé esta fotografía el 24 de junio de 2020 en la balsa que hay sobre el pueblo de Llorengoz, Junta del Valle de Losa (Burgos), a 400 metros de Mojón Alto, donde limitan los territorios de Orduña (Bizkaia), Aiara (Araba), Junta de Villalba de Losa y Junta del Valle de Losa (Burgos).

Anax imperator

Anax imperator, según mi amigo José Antonio Gainzarain, autor del libro "Atlas de las libélulas de Álava", es el odonato de mayor tamaño y la más extendida. Es común en los humedales grandes ni de los grandes ríos, donde es fácil ver a los machos volando incansables sobre el agua. Tomé esta fotografía el 24 de junio de 2020 en la balsa que hay sobre el pueblo de Llorengoz, Junta del Valle de Losa (Burgos), a 400 metros de Mojón Alto, donde limitan los territorios de Orduña (Bizkaia), Aiara (Araba), Junta de Villalba de Losa y Junta del Valle de Losa (Burgos).

22 de julio de 2020

Mochuelo europeo

El Mochuelo europeo (Athene noctua), mozoloa en euskera, es un ave rapaz nocturna residente y nidificante en escaso número y en declive. Los autores del artículo "Intensive census of nocturnal raptors in Biscay", publicado en el año 1997 en el volumen 49 de la revista Munibe (Ciencias Naturales-Natur Zientziak) lo detectaron en 272 cuadrículas UTM 1x1 Km de Bizkaia, 8 de ellas en Orduña. Los autores del informe "Distribución y red de seguimiento del mochuelo común (Athene noctua)", del año 2009, no lo localizaron en Orduña. En dicho informe se dice que: "En las zonas de muestreo de Orduña, donde aún se mantienen prácticamente intactas las campiñas, no se detectó ni un solo mochuelo, por lo que se hizo una revisión de los nidos conocidos. Así, habían desaparecido cuatro nidos que conocíamos en los años noventa. Los nidos, situados en agujeros de casas viejas, habían desaparecido debido a la remodelación de los edificios en los últimos tres años. De hecho, los vecinos nos comentaron que se había dado una serie de ayudas para restaurar las antiguas casas, y la mayoría de los caseríos están ahora transformados. Esto ha causado la pérdida de lugares apropiados para anidar y, por lo tanto, la desaparición de los mochuelos reproductores."
En los primeros meses del año 2019, a iniciativa de Egoitz Llano y el asesoramiento de Iñigo Zuberogoitia, el ayuntamiento de Orduña sufragó la instalación de ocho cajas-nido para favorecer al Mochuelo europeo.
Mi amigo Joseba Egiguren conoce dos territorios de Mochuelo europeo en las afueras de la ciudad de Orduña y un tercero en Artomaña, municipio de Amurrio (Araba). Tomé en las afueras de Orduña esta fotografía el 21 de julio de 2020.
Joseba tomó allí esta fotografía el 20 de julio de 2020. Es uno de los adultos de la pareja reproductora. Uno de sus pollos volanderos cayó por una chimenea y murió poco después.

12 de julio de 2020

Oropéndola europea, pollo volandero liberado de entre la vegetación donde había quedado enredado

El 12 de julio de 2020 fui a ver cómo les iba a los pollos de la pareja de Oropéndola europea (Oriolus oriolus) que ha nidificado en una pequeña plantación de chopos en las afueras de la ciudad de Orduña (Bizkaia). Tras esperar dentro del coche para no molestar el macho ha llegado hasta un punto a unos 8 metros de mi y le he hecho esta fotografía. Luego ha vuelto al mismo punto con comida en el pico, por lo que he concluido que debía haber un pollo volandero en el suelo. He abierto la ventanilla del coche y al cabo de un rato he visto que se movía la vegetación a nivel del suelo, como puede verse en la siguiente grabación.
He esperado un par de minutos para ver si se desenredaba por sí solo, pero al final he intervenido (cosa que habitualmente evito hacer porque pienso que la Naturaleza debe seguir su camino) y lo he desenredado, le he tomado unas fotografías y este vídeo y lo he liberado en el mismo sitio donde se encontraba.
El pollo estaba gordo y era muy vigoroso, pero no sé cómo, había quedado muy enredado entre los tallos de zarzamora (Rubus ulmifolius) y lúpulo (Humulus lupulus).
El pollo volandero luchaba por escapar.

3 de julio de 2020

Castro del Cerco de Bolunburu

El Cerco de Bolunburu fue descubierto como un “castro o recinto amurallado“ en 1998 por Juan Luis Díez de Mena, "Koldo", guarda forestal de la Diputación Foral de Bizkaia, y poco después encontró varios fragmentos de molinos, dejando en evidencia su antigüedad. El yacimiento fue identificado posteriormente como un pequeño castro de la Segunda Edad del Hierro a raíz de los sondeos arqueológicos practicados en el año 2002 por María José Yarritu y Mertxe Kandina. El lugar se encuentra en una colina sobre el río Cadagua a su paso por el municipio de Zalla, coronada en su cima por un recinto amurallado soterrado que delimita un aterrazamiento artificial practicado en el lado sur del espolón rocoso. El castro tiene una superficie de 4.000 metros cuadrados y un perímetro de 158 metros. 
El yacimiento arqueológico se encuentra situado, en toda su extensión, dentro de terreno calificado como “Monte de Utilidad Pública” nº 129, con la denominación de “Monte de Zalla”. La propiedad es del Ayuntamiento de Zalla y su gestión es llevada a cabo por el Servicio de Montes del Departamento de Sostenibilidad y Medio Natural de la Diputación de Bizkaia. El 19 de junio de 2020 Gobierno vasco inició los trámites para la declaración de bien cultural el castro Cerco de Bolunburu. En esta fotografía se observa la muralla y el foso.
El anillo defensivo que da forma al castro está formado por una muralla de mampostería de arenisca trabada sin argamasa o con rellenos de barro en las zonas más irregulares. Juan Luis Díaz de Mena nos explicó las características de la muralla. Para más detalles, puede leerse "El Cerco de Bolunburu. Un recinto fortificado de la Edad del Hierro en Bizkaia".
Las características de la muralla son similares a las observadas en otros emplazamientos de la misma época conocidos en Bizkaia. Su altura exterior original ha sido estimada cercana a los 4 metros en algunos puntos, tal como señalan los marcados desniveles del terreno. La obra contaba con un doble paño, interno y externo, que servía para forrar un relleno formado por tierra y piedra. Su anchura debió de haber oscilado entre los 3 y 4 metros. El desarrollo de la muralla puede seguirse a lo largo de todo el lado sur del espolón sobre el que se asienta el castro. El lado septentrional no contó con defensas artificiales, innecesarias por la existencia de un fuerte escarpe natural.
El castro contó con una única puerta de acceso abierta en la muralla.
La estructura de la puerta de entrada ha podido ser reconstruida con fidelidad, ya que parte de ella ha llegado hasta nuestros días.
Unos círculos rojos fijados sobre las piedras superiores indican la parte de la muralla en su posición original que ha llegado hasta nuestros días.
Otra fotografía de la puerta de entrada al recinto amurrallado.
De nuevo, los círculos rojos indican la parte de la muralla original conservada.
La puerta del castro visto desde dentro del recinto amurallado.
Edificio triangular con poco más de 15 metros cuadrados de superficie útil, adosado a la muralla y sin hogar, por lo que debió servir como almacén.
Se conservan los hogares de varias cabañas rectangulares, a juzgar por la posición de los agujeros de los postes situados en los vértices de las cabañas, algunas de ellas adosadas a la muralla. Los hogares constan de una laja de arenisca y un agujero donde iría situado el soporte de donde se colgaba el caldero donde debían cocinar.
Estos son los restos de un horno de fundición de metales. En el relleno de preparación del suelo se han podido recuperar varios fragmentos de escorias globulares de hierro que nos indican que, al menos en la fase previa al acondicionamiento de esta estructura, la zona fue utilizada para realizar actividades relacionadas con la forja.
Zona excavada dentro del recinto amurrallado.
En el castro del Cerco de Bolunburu destaca la abundancia de los molinos encontrados. Para más detalle, puede leerse "Los molinos de El Cerco de Bolunburu (Zalla, Bizkaia). Una primera aproximación", donde explican que morfológicamente son uniformes y hechos en todos los casos de la misma clase de roca como materia prima, lo que hace sospechar un origen común, local. La identificación de afloramientos de asperón muy cerca del castro, en su ladera escarpada orientada al norte, refuerza esta idea.
Estos molinos de mano circulares constan de una parte durmiente (meta) y otra giratoria (catillus). Estudiaron 75 fragmentos de molino, lo que ha permitido centrar la cronología del yacimiento en la segunda Edad del Hierro, dentro de un período que abarca desde el siglo IV a.C. al siglo I d.C. 
Panel explicativo.
Detalle del panel explicativo.
Interior del castro del Cerco de Bolunburu.
Castro del Cerco de Bolunburu desde el Pico Bandera o Espaldaseca, en el límite entre Bizkaia y Burgos.
Juan Luis Díez de Mena me condujo hasta el castro del Cerco de Bolunburu y me explicó muchos detalles del mismo el 3 de julio de 2020, cuando tomé estas fotografías.