8 de febrero de 2017

Chovas piquirrojas y chovas piquigualdas, bandos invernales

A los pies de Sierra Sálvada durante el invierno, sobre todo si la sierra y el Valle de Losa están cubiertos por la nieve, es fácil ver bandos mixtos de chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus) alimentándose en los prados. Junto a los buitres leonados o los alimoches comunes, son especies favorecidas por la actividad ganadera. Si los primeros se alimentan de los cadáveres, las chovas consumen invertebrados en los pastos y prados, hábitats que estarían prácticamente ausentes si no fuera por la actividad agroganadera. El 8 de febrero de 2017 fotografié y grabé en vídeo este bando mixto compuesto por unas 140 chovas piquirrojas y 20 piquigualdas en un prado de Belandia, municipio de Orduña (Bizkaia).
Gran parte de los invertebrados que consumen son adultos y larvas de coleópteros coprófagos, que son los que se alimentan de los excrementos del ganado. Como se ve en este vídeo, hunden sus picos en los prados buscando invertebrados que se encuentran bajo su superficie.
En Sierra Sálvada durante el invierno las chovas se reparten en unos pocos bandos que incluyen un número que ronda los 150-250 ejemplares.
Junto a mis amigos Serafín Alarcón, Javier Cañadas, Roberto González, José Antonio González Oreja y Juan Carlos Lorenzo estimamos la población de chovas en el conjunto de Sierra Sálvada en el año 1997. Localizamos 13 colonias reproductoras de chova piquirroja, ocupadas por un número variable de 1-2 a 125-175 parejas reproductoras. Las colonias más importantes fueron Tertanga (125-175 parejas), Aro (50-60 parejas) Aro-Eskutxi (30-40 parejas) y Eskutxi (20-30 parejas), lo que supone que entre Aro y Eskutxi había 100-130 parejas. Estimamos una población total de 281-392 parejas.
En cuanto a la chova piquigualda, localizamos 9 colonias reproductoras, ocupadas por un número variable de 1-2 a 21-30 parejas. Las colonias más numerosas fueron Eskutxi (20-30 parejas) y Tertanga (10-20 parejas).

Estimamos esos números de aves mediante conteos del número de individuos que entraban o salían de los cantiles. A partir de esos conteos en cada colonia, estimamos el número de parejas. Desde el año 1997 no hemos vuelto a realizar ninguna estima más de sus poblaciones. Mi impresión es que permanecen estables.

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