14 de noviembre de 2013

Estela funeraria de Poza

Durante unas obras en la ermita de Poza, municipio de Orduña (Bizkaia), en el año 2012 se descubrió una estela funeraria incluida en la estructura del altar. El 8 de septiembre de 2013 dentro de las "Jornadas Culturales y Deportivas de Lendoñobeiti 2013", organizadas por mi amigo Eli Gutiérrez Angulo, el arqueólogo Iñaki García Camino explicó a todos los asistentes la importancia de esta estela funeraria. Como otras estelas discoidales halladas en el País Vasco (véase el libro Estelas e inscripciones medievales del País Vasco, de Agustín Azkarate Garai-Olaun e Iñaki García Camino), muestra grabados símbolos precristianos en una época en la que el cristianismo ya estaba sólidamente establecido.
La estela de Poza está datada en los siglos VIII-IX, mientras las estelas de la necrópolis de Argiñeta son de los siglos VII-VIII. Como dicen Agustín Azkarate e Iñaki García Camino en el citado libro, son "un eslabón más de una fuerte corriente iconográfica que hunde sus raíces en siglos anteriores" y evidencian "la estrecha relación existente entre la decoración prerromana y la que aparecerá mucho más tarde en el arte asturiano, o que reivindica, incluso, para el alto medievo algunos materiales considerados castreños".
En este detalle del anverso se aprecia una inscripción y una oquedad tallada con posterioridad como relicario. Estas fotografías las hizo José Mari Gutiérrez Angulo.
Aunque mucho mayor y más antigua que la estela de Poza, la estela cántabra de Barros presenta también tres circunferencias concéntricas. Las estelas gigantes cántabras debieron tener dos funciones: funeraria y de culto a las divinidades astrales del Sol y la Luna.
En el reverso de otra de las grandes estelas cántabras, la de Zurita, se repite el mismo motivo: tres circunferencias concéntricas.
En la iglesia mozárabe del siglo X de Santa María de Lebeña se descubrió en el año 1971 una gran losa que formaba parte del suelo del altar y cuyos símbolos permanecieron ocultos al encontrarse boca abajo. Tiene labrados símbolos precristianos, pero realizados al mismo tiempo que el tempo, indicio de que durante siglos convivieron las creencias celtas y cristianas, como también lo evidencia el hecho de que algunas iglesias se erigieron junto a árboles sagrados, como tejos y encinas. Son la demostración de un sincretismo religioso gracias al cual posiblemente los impulsores del cristianismo consiguieron ganarse a los seguidores de creencias paganas.

2 comentarios:

Salomé Guadalupe Ingelmo dijo...

De hecho la iconografía ligada al Árbol de la vida de origen mesopotámico se difundió a través del ámbito paleocristiano. Besos.

Mutua Trapagaran dijo...

Interesante post.
(lo compartimos)