15 de marzo de 2013

Buitre leonado, sus movimientos en busca de alimento

Mis amigos Iñigo Zuberogoitia, José Antonio González Oreja y otros cuatro ornitólogos son los autores del artículo "Foraging movements of Eurasian griffon vultures (Gyps fulvus): implications for supplementary feeding management", publicado en el año 2012 en la revista European Journal of Wildlife Research, donde exponen los resultados y conclusiones obtenidos tras anillar entre los años 2000 y 2011 un total de 241 buitres leonados con anillas de plástico con códigos que permiten su lectura a distancia sin tener que volverlos a capturar. Entre los años 2005 y 2012 anotaron la lectura de estos ejemplares en 1.017 ocasiones en 24 estaciones de alimentación en una superficie de 10.614 km2 que incluye parte de los territorios de Bizkaia, Burgos y Cantabria. Si habitualmente se ha considerado que el radio de campeo alrededor de las colonias de cría es de unos 50 kilómetros, este estudio ha permitido saber que en realidad es de solo unos 30 kilómetros, es decir, que la superficie de campeo no es de unos 7.850 km2 sino de unos 2.850 km2 . Esto equivale a decir que la superficie de campeo del buitre leonado es de alrededor de un 36% de la asumida en muchos estudios e informes, lo que tiene importantes consecuencias desde el punto de vista de la conservación y en el diseño hipotético de un mapa con puntos de alimentación suplementaria que compense la escasez de alimento provocada por la recogida del ganado muerto para evitar la expansión de la enfermedad de las "vacas locas".
El único muladar en Bizkaia se cerró en el año 2006 siguiendo la obligación de incinerar el ganado muerto para evitar la expansión de la encefalopatía espongiforme bovina. La población que utilizaba este muladar sufrió la disminución de su éxito reproductor y el aumento de la tasa de mortalidad de los juveniles, pero no provocó a corto plazo la disminución de las parejas nidificantes. Este muladar suministraba alimento a la pequeña población asentada en la comarca vizcaína de Las Encartaciones y a la población del Este de Cantabria ("Alen"), incluida la colonia de Oriñón, conocida por ser la única que tiene nidos en un acantilado marino. De los adultos anillados en esta población se obtuvieron 239 lecturas de anillas en esta misma zona y solo en 6 ocasiones se leyeron anillas de estos buitres en la población que se encuentra más al Sur, que incluye las poblaciones nidificantes en la Zona de Especial Protección para las Aves de La Losa-Sierra Sálvada (Orduña). De esta población, asentada en el norte de Burgos, el Oeste de Álava y el enclave vizcaíno de Orduña ("Gayangos"), se obtuvieron 418 lecturas de buitres adultos anillados en esta zona y solo en 9 ocasiones se leyeron anillas de estos buitres en la población de Las Encartaciones y el Este de Cantabria. Los buitres adultos anillados al Sur, nidificantes principalmente en las colonias de los Cañones del Ebro ("Porquera"), forman una tercera población, aislada de las dos anteriores, ya que no obtuvieron ninguna de las 71 lecturas de los 14 ejemplares anillados allí en las estaciones de alimentación localizadas en las otras dos zonas.
Las lecturas de las anillas de 55 pollos anillados en el nido ha permitido saber que tras volar del nido, abandonan la colonia de cría durante los tres primeros años de vida, periodo en el que vagabundean por la Península Ibérica y con mucha frecuencia acaban fijados a muladares y estaciones de alimentación suplementaria, donde encuentran fácilmente alimento y forman parte de grandes concentraciones de buitres juveniles. Pasados esos tres primeros años, ya como subadultos, se establecen temporal o definitivamente en las colonias de cría y sus movimientos en busca de alimento se parecen a los de los adultos y de ellos aprenden a localizar las fuentes de alimento, habitualmente en una superficie de solo 25-30 km de radio alrededor de la colonia de cría, aunque patrullan superficies más extensas que los adultos al no tener que hacerse cargo de las tareas propias de la reproducción. Así pasan otros siete años hasta que con diez se convierten en adultos. Tras un seguimiento de 92-102 parejas reproductoras en el periodo entre 2006 y 2001 solo un subadulto de cuarto año formó parte de una de estas parejas. El resto fueron aves de más de 10 años. En la fotografía, Iñigo Zuberogoitia, el autor principal del artículo, tomada en Lendoñobeiti (Orduña) el 14 de marzo de 2013.

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