19 de diciembre de 2011

Marta en Sierra Sálvada


En mayo de 2009 se editó el informe Atlas de distribución de pequeños carnívoros en la comarca Cantábrico alavesa, resultado de un intenso trabajo de campo que incluyó 530 días de fototrampeo con 7 cámaras fotográficas, financiado por el Departamento de Medio Ambiente de la Diputación Foral de Álava, y en el que participamos 7 autores y 2 colaboradores. Se obtuvieron 15 registros de marta: 4 de ellos son de fototrampeo, 4 de atropello, 6 de análisis genético de excrementos y uno de observación. De los registros de fototrampeo, curiosamente, uno fue en una plantación de Pino de Monterrey. De las 4 atropelladas, 3 lo fueron cerca del pueblo de Inoso, municipio de Urkabustaiz (Araba), en el extremo norte del Bosque de Altube y la restante, en Luiando, municipio de Ayala (Araba), a baja altitud y lejos de los bosques autóctonos, cerca del río Nervión.
En el capítulo dedicado a la marta del Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España se dice que la restricción en cuanto al hábitat que ocupa la marta parece más relacionada con la competencia con la garduña y con otros carnívoros que con sus necesidades reales. En las Islas Baleares, donde la garduña está ausente, las martas introducidas se encuentran adaptadas a medios más termófilos que en la Península Ibérica, e incluso con masas forestales menos complejas de pino y matorral. Por otra parte, la garduña sólo vivía en el Pleistoceno Superior en Oriente Medio, el Cáucaso y Moldavia, y su expansión holocena hacia el oeste alcanzaría la Península Ibérica en torno al primer milenio a. C. Los especialistas señalan la relación existente entre su expansión y la de la agricultura en Europa, siendo la única especie alóctona llegada sin intervención humana (invasión). Sin embargo, en el yacimiento de Cubío Redondo, Matienzo (Cantabria) se hallaron restos de garduña de 7.000-6.000 a. C., y por lo tanto, anteriores al Neolítico. Además, todavía se discute sobre el momento en que esta especie penetró en Europa desde Asia. Según nuestro amigo paleontólogo Pedro Castaños Ugarte, se necesitan más datos para poder resolver esta cuestión que no será fácil, ya que hay un problema previo no resuelto aún: la distinción entre marta y garduña a partir de restos esqueléticos.
Nuestro amigo Aritz Ruiz González en el año 2011 leyó su Tesis Doctoral Phylogeography and non-invasive landscape genetics of the European pine marten (Martes martes L. 1758): Insights into ancient and contemporany processes shaping genetic variation. En ella se incluye este mapa de distribución de la marta (círculos verdes) y la garduña (círculos rojos), identificadas mediante el método PCR-RFLP a partir de 670 muestras fecales y 183 muestras de tejidos. Se puede ver cómo los registros de marta se concentran en los hayedos de Sierra Sálvada: Monte Santiago, Orduña y Puerto Angulo, principalmente. En estos hayedos de montaña la garduña está prácticamente ausente. Por el contrario, en los valles de Ayala, Orduña y Arrastaria la garduña sustituye casi completamente a la marta. También se aprecia que hay registros de marta repartidos por todo este amplio territorio, si bien es cierto que son especialmente abundantes en los hayedos de Sierra Sálvada y Macizo del Gorbeia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la verdad es que no parece muy logico. Martas y garduñas coexisten con notable simpatria en zonas forestales, incluso en altitudes elevadas. De hecho es algo que se sabía de antemano y descrito en trabajos mucho anteriores al Atlas que presentas y a la Tesis que comentas, con todos los respecto. Además trabajar con PCR-RFLP sin secuenciar fragmentos de ADN no parece muy fiable desde el punto de vista tecnológico, pero claro, es más barato. Por tanto, puede haber dudas notables sobre la certidumbre de algunos de esos resultados.

Anónimo dijo...

En relación al comentario anterior, simplemente esclarecer que para diseñar un método de identificación de especies mediante la técnica de PCR-RFLP, resulta indispensable secuenciar y conocer la variabilidad intraespecífica de ambas especies de modo que las zonas diagnosticas de identificación especifica no sean variables. Esto debe ser previamente verificado con material de tejido de identidad específica conocida para su posterior utilización en material fecal. Desde luego, ese fue un paso previo a la hora de diseñar dicha metodología, tal y como se describe en el correspondiente artículo publicado en la revista European Journal of Wildlife Research. Esta técnica, y otras similares, son ampliamente utilizadas en el seguimiento de carnívoros simpátricos, y sin lugar a dudas, los resultados de distribución presentados en ese trabajo son totalmente fiables. Tal y como demuestran números trabajos (Balestrieri et al. 2010, Rosellini et. 2008, Ruiz-González et al. 2008 entre otros) las relaciones de simpatría entre las especies del género Martes son muy variables en función de la zona de estudio, y por tanto, no podemos extrapolar lo acontecido en una zona al resto, sino que debemos evaluar su distribución de un modo detallado.