29 de marzo de 2012

Musgaño patiblanco

Con mucha suerte, podríamos llegar a ver un Musgaño patiblanco (Neomys fodiens). Aunque los roedores tienen hábitos nocturnos o/y subterráneos que, en general, hacen que pasen desapercibidos para nosotros, entre los insectívoros se encuentran las musarañas (géneros Sorex y Crocidura) y los musgaños (género Neomys), que pueden llegar a ser sorprendidos a cualquier hora de día. No sucede lo mismo con los topos (género Talpa), de hábitos subterráneos como algunas especies de topillos, que a pesar de su nombre, tienen poco en común con los topos, ya que estos son insectívoros y los topillos, roedores. Si llegásemos a ver un musgaño o una musaraña, es muy difícil que pudiéramos identificar su especie si no conseguimos atraparlo para fijarnos en los detalles que los diferencian. En la fotografía, un Musgaño patiblanco (Neomys fodiens) entre la vegetación. En una guía de campo lo veremos pintado de color negro en sus partes superiores y casi blanco por debajo, pero en la realidad, esto es lo que veremos.
Esta vez hemos tenido suerte y hemos conseguido atraparlo y meterlo durante unos instantes en una bolsa de plástico para identificarlo. Efectivamente, así sí que parece un musgaño de libro: negro por arriba y se intuye que blanco por debajo. Pero enseguida nos encontramos con el siguiente problema: ¿Es un Musgaño patiblanco o un Musgaño de Cabrera (Neomys anomalus)? Leyendo los manuales de identificación, en principio, parece fácil. Sin nos fijamos un poco más en detalle, veremos que sus pesos y medidas se solapan, que caracteres, como el mechón de pelos que tiene este ejemplar detrás de los ojos, en unos textos los dan como exclusivos del Musgaño patiblanco y en otros textos como comunes a ambas especies. En este par de especies tan similares, afortunadamente, hay una característica que sí parece determinante. El Musgaño patiblanco tiene pelos largos en la parte inferior de la cola a lo largo de toda su longitud, que les sirve a modo de timón mientras nadan y bucean en los cursos fluviales y charcas donde viven, mientras que el Musgaño de Cabrera sólo los presenta en el extremo de la cola, a modo de pincel. En la siguiente fotografía se aprecia que los tiene a lo largo de toda la cola. Se trata del Musgaño patiblanco, la especie más común en el País Vasco, aunque también está presente el Musgaño de Cabrera.
Hace ya más de 20 años, en los años 1990 y 1991, recogimos y analizamos varios grupos de egagrópilas de Lechuza común (Tyto alba) en Lendoño de Arriba, Lendoño de Abajo y Belandia, municipio de Orduña (Bizkaia), cuyos resultados publicamos mis amigos José Antonio González Oreja, Juan Carlos Lorenzo Rodolfo y yo en el artículo "Nota sobre la alimentación de la Lechuza común en dos zonas de Vizcaya" en la revista científica Estudios del Museo de Ciencias Naturales de Álava. En el lote de egagrópilas recogido en Belandia en mayo de 1990 el Musgaño patiblanco supuso el 5,63% de sus presas. El resto de los micromamíferos depredados por la Lechuza común en Orduña fueron el Topo ibérico (Talpa occidentalis), la Musaraña tricolor (Sorex coronatus), la Musaraña enana (Sorex minutus), la Musaraña gris (Crocidura russula), el Topillo rojo (Myodes glareolus), la Topillo agreste (Microtus agrestis), el Topillo lusitano (Microtus lusitanicus), el Topillo pirenaico (Microtus gerbei) y el Ratón de campo (Apodemus sylvaticus). En total 10 especies de micromamíferos, 5 de ellas insectívoros y 5 roedores.
El Musgaño patiblanco resultó ser el cuarto micromamífero más escaso en los lotes de egagrópilas analizados en Orduña. Las especies de hábitos principalmente subterráneos son a buen seguro más abundantes que lo que dan a entender estos análisis de egagrópilas. Los topos sólo es posible verlos fuera de las galerías de las toperas cuando los progenitores expulsan de su territorio a las crías del año hacia el mes de agosto. Tanto el Topillo lusitano como el Topillo pirenaico excavan galerías subterráneas en las que pasan la mayor parte de su tiempo y, como en el caso de los topos, sus depredadores aprovechan para capturarlos los momentos en los que sacan al exterior la tierra excavada en su red de galerías.

1 comentario:

Salomé Guadalupe Ingelmo dijo...

Bichitos adorables que siempre me recuerdan la novela de Kazantzakis "El pobrecillo de dios", en la que un musgaño hambriento le roía los pies al paciente san Francisco de Asís. Abrazos.