22 de marzo de 2011

Escribano triguero

El canto del Escribano triguero (Emberiza calandra) es evocador. Su canto en los días soleados de marzo nos anuncia la llegada de la primavera. Su plumaje no destaca precisamente por su colorido, pero su canto nos trae a la memoria los paisajes de campiña en los que los pastizales y los prados dominan el paisaje, formando un mosaico de parcelas separadas por setos vivos. Esos mismos setos de Espino blanco (Crataegus monogyna), Endrino (Prunus spinosa), rosales (Rosa spp.), zarzas (Rubus spp.), Aligustre (Ligustrum vulgare), Cornejo (Cornus sanguinea) o Bonetero (Euonymus europaeus) que vemos desaparecer poco a poco desde hace ya unos cuantos años en un proceso empobrecedor que parece nadie va a parar. Es duro ver como esos setos vivos acaban sustituidos por cierres con estacas y alambre de espino. En los últimos cuatro años la destrucción de estos setos en el muncipio de Ayala ha sido devastador.
Tan evocador es su canto que recuerdo que lo ponían en un anuncio de televisión en el que decían que un detergente lavaba el triple que otros. El marco de la pretendida demostración era el césped de una casa de campo. Algún publicista sabía del hábitat de esta ave y pensó que al teleespectador también le podía resultar evocador el canto del triguero.

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